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Con motivo de la exposición ¡LOCAL,LOCAL! La ciudad que viene, Francesc Muñoz analiza pormenorizadamente los diversos cambios que ha sufrido el tejido urbano en estos últimos años. Este estudio queda recogido en un catálogo de la propia exposición, editado por el Centro de Cultura Contemporánea de Barcelona y la diputación de Barcelona. En dicho libro, a modo de conclusión, quedan enunciadas diez paradojas que desvelan, muy lúcidamente, la magnitud de esta transformación urbanística.

Transcribo literalmente estos puntos:

  1. Pensábamos que la recuperación de la ciudad iniciada con los programas de regeneración urbana y espacio público dará una nueva vida a la ciudad compacta, que se convertiría, así, en una forma urbana habitable en el nuevo siglo. Lo que ha pasado es que, al mismo tiempo, ha aparecido una urbanización dispersa de dimensiones entonces difícilmente imaginables, donde el espacio público queda reducido a ser un vial de paso y aparcamiento.
  2. Pensábamos que la reforma y aparición de nuevos espacios públicos representaría beneficios den el uso de la ciudad por parte de los habitantes y más grosor en la textura urbana local. Lo que ha pasado es que se han multiplicado los usuarios, pero éstos pasan menos tiempo en el espacio público y sin una especial intención de identificarse con el colectivo habitante.
  3. Pensábamos que las imitaciones del paisaje de la ciudad realizadas en los recintos temáticos de consumo como centros comerciales, outlets o parques resort eran toscas copias de un original urbano canónico. Lo que pasa actualmente es que, a causa de la orientación de la ciudad hacia el consumo, el ocio y el entretenimiento, el paisaje urbano acaba imitando aquella imagen, previamente imitada de sí mismo, para favorecer su aceptación.
  4. Pensábamos que las telecomunicaciones posibilitarían un escenario de movilidad cero a partir de la sustitución de la comunicación presencial por la digital. Lo que ha pasado, en cambio, es que la movilidad ha aumentado de forma exponencial y nos desplazamos más veces, por más motivos  cubrimos más territorio. En realidad, la misma tecnología digital que nos tendría que permitir estar en casa nos proporciona el teléfono móvil, que nos facilita estar conectados independientemente del lugar y de su lejanía.
  5. Pensábamos que la proliferación de dispositivos de vigilancia urbana harían tomar conciencia de la importancia de la privacidad. Lo que ha pasado, en cambio, es la progresía vigencia de una nueva <<intimidad pública>>, que consiste en la sobreexposición de la vida privada en contextos públicos, como lo muestra el uso cotidiano del teléfono móvil en los espacios de la ciudad.
  6. Pensábamos que los iconos de la tecnología permanecerían en los parques científicos, centros de investigación y edificios inteligentes, que se configurarían como enclaves de excelencia tecnológica. Lo que ha pasado es que se ha producido una popularización y banalización de la tecnología, que utilizamos constantemente en nuestra vida urbana cotidiana cuando hablamos por teléfono, conectamos la televisión satélite o pagamos una plaza de aparcamiento.
  7. Pensábamos que los barrios serían la última defensa contra la globalización, ya que representaban la esencia local y vernácula de la ciudad. Lo que ha pasado, en cambio, es que los barrios se ha hecho localmente cosmopolitas, ya que las migraciones transnacionales, de carácter claramente global, se han incorporado al tejido social local y han cambiado los paisajes, los valores y los márgenes de la convivencia en el lugar.
  8. Pensábamos que el uso de las tecnologías de la telecomunicación mermaría la interacción social y representaría el final de los movimientos asociativos establecidos a partir del contacto cotidiano entre personas y de la comunicación presencial. Lo que ha pasado, en cambio, es que el uso de internet y la telefonía móvil ha dado lugar a una ciudadanía viral que cambia la rotativa por el lenguaje sms en el momento de organizar la protesta y hacerla visible en el espacio urbano.
  9. Pensábamos que la presencia en el espacio de la ciudad de más persona de diferentes procedencias geográficas y la facilidad para consumir manifestaciones culturales de otros lugares en la misma ciudad contribuirían a crear un crisol urbano multicultural. Lo que ha pasado, en cambio, es la gestación de una cartografía urbana que muestra la ciudad como una suma de estados de excepción cultural que alimentan un imaginario cuartedo por fronteras y límites entre barrios.
  10. Pensábamos que la ciudad futura sería global. La realidad actual de nuestras ciudades muestra, en cambio, que la convivencia con la globalización no homologa los espacios urbanos de manera uniforme, sino que, al contrario, espolea de forma paradójica sus diferencias.
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