Los autonautas

Hace ya unos años, tuve mi primer acercamiento a la obra de Julio Cortázar, mi tocayo. En aquella ocasión, lo que estaba leyendo era una traducción suya del libro, Memorias de Adriano, de Marguerite Yourcenar. Al ser una traducción era difícil de calibrar cuánto había de Julio y cuánto de Margarita; aunque el resultado era primoroso. La lectura atenta y relectura de muchos pasajes era un auténtico placer.

Ahora, vuelvo a coincidir con mi tocayo, con la lectura del libro Los autonautas de la cosmopista o Un viaje atemporal París-Marsella. Un sugerente título, con un sutil juego de lexemas, firmado por el escritor argentino y su compañera sentimental Carol Dunlop, cuyo hijo, de catorce años, se encarga de la narración gráfica de todo el relato.

dibujo de Stéphane Hébert.

dibujo de Stéphane Hébert, hijo de Carol Dunlop.

Es un proyecto que surge de una profunda crisis anímica por parte de los autores. A partir de este estado de ánimo, a finales de los setenta, del pasado siglo, tienen la extravagante idea de realizar un viaje, por autopista, entre Paris y Marsella, descubriendo cada una de las estaciones de servicio que hay en este trayecto.

En realidad, es un recorrido descriptivo de todo aquello que se van encontrando, pero también un viaje introspectivo donde se reflexiona sobre la condición del ser y de sus relaciones. Una especie de reto emocional e intimista que se ciñe, en tiempo y espacio, a un trayecto predeterminado. Todo ello dotado con un fuerte carácter científico, fijando las siguientes pautas:

1. Cumplir el trayecto de París a Marsella sin salir ni una sola vez de la autopista.

2. Explorar cada uno de los paraderos, a razón de dos por día, pasando siempre la noche en el segundo sin excepción.

3. Efectuar relevamientos científicos de cada paradero, tomando nota de todas las observaciones pertinentes.

4. Inspirándose en los relatos de viajes de los grandes exploradores del pasado, escribir el libro de la expedición (modalidades a determinar).

De común acuerdo, y dado que ninguno de los dos es masoquista, decidimos además que nos estaría permitido aprovechar de todo lo que pudiéramos encontrar en la autopista: restaurantes, tiendas, hoteles, etc.

¡Esto tiene mucha gracia!, porque mucho antes de conocer este proyecto, en más de una ocasión, Ramón, Noemí, y yo mismo, nos habíamos planteado la idea de realizar una experiencia semejante por la Nacional 550. Con el fin último de averiguar si sería posible abastecernos, en esta carretera, de todas nuestras necesidades durante un tiempo. ¿Cuánto podríamos aguantar? (¡Que saturación de prostíbulos!).

Fuente: Google Maps

Fuente: Google Maps

Lo más divertido de todo esto, al igual que sucede en el libro, es el descubrimiento de infinidad de experiencias semejantes, cada una persiguiendo un objetivo diferente, pero siempre con la carretera como hilo conductor.

Xulio Turnes Vieito. domohomo

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Un Comentario

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